Durante la Conferencia de primavera de la Asociación de abogados penalistas europeos se habló de muchas cosas, pero una de ellas fue la puesta en peligro de la libertad de expresión. Este es un debate que suele plantearse desde una perspectiva política, pues son opositores, periodistas y abogados, los que habitualmente son perseguidos por sus opiniones. Pero, pienso en el humor, en la comedia. La política es un ámbito sensible a la distorsión y la confusión por la ausencia de racionalidad. Suele producir más enfrentamientos que acuerdos, incluso a nivel interno en la intimidad más superficial, porque un partido, una idea -o varias-, jamás podrán encerrar todo lo que es una persona, y las contradicciones están servidas. Pero el humor, puede ofender a cualquiera, no solo entre ellos o contra ellos.
Hace poco, mientras tomaba un café se encontraba en la mesa de al lado a un cómico que sufrió mucho por un chiste. No sólo supusieron perdidas de oportunidad profesional sino toda la tormenta de comentarios que se suceden en las redes. Porque sí, se debe reconocer que los Gobiernos ya no necesitan censurar porque la propia sociedad se encarga de ello. Este cómico, hablaba de todos los juicios que tenía y que le quedaban, porque a perro flaco todo son pulgas, y una vez te abren un asunto, le siguen todos los demás.
"Hoy en día ya no se puede decir nada”
La comedia es la capa más popular de la sociedad, el humor es todo lo que nos queda cuando todo lo demás ha fallado. Es ahí donde se construye en parte el pensamiento de la sociedad y llega a afectar incluso a las costumbres y decisiones de los ciudadanos. Es un ámbito de libertad, o lo era, donde uno podía expresarse con total libertad. Y es hoy el día en el que tal cosa ni siquiera puede suceder.
Johnny Cash viste de negro por los prisioneros que largo pagaron por sus crímenes, porque son víctimas de su tiempo.
Es importante ser leales con la verdad, ser compatibles con la realidad. Este grave problema debería ser afrontado desde una perspectiva amplia. Actualmente no se pueden eliminar los procesos penales con el trasfondo de la libertad de expresión, existen y deben enfrentarse. Pero es que, tampoco podemos evitar que las personas denuncien por estos hechos, todos tenemos acceso a los Tribunales -sí, con todas las limitaciones legales y jurisprudenciales ya conocidas, pero el derecho sigue existiendo-. Quizás, una formación más extensa a profesionales del derecho podría suponer un primer filtro.
Cada vez oigo más eso de “Es que hoy en día ya no se puede decir nada”, recuerdo un abogado quejándose de que ya no puede dar su opinión sobre una guerra porque incluso hay personas que han dejado de hablarle.
Se menciona en el libro Sapiens de Yuval Noah Harari que las sociedades comenzaron a formarse gracias a los rumores, pero internet lo ha descontrolado. Internet produce una expansión, en el espacio y el tiempo, de cuestiones que antes quedaban reducido al mero ámbito de la intimidad. Como escuche a uno decir “Antes el tonto del pueblo decía una cosa y le escuchaban cuatro personas, ahora le escuchan miles”.
Esta nueva situación cuantitativa era hasta ahora incontrolable, pero ya vemos intentos regularización. La Convención de la ONU contra el cibercrimen contiene algunos artículos que por su ambigüedad son discutidos. Se entiende que el concepto de noticias falsas no está bien definido y podría producir el efecto contraproducente de permitir el uso de las herramientas del Convenio, precisamente, para permitir la persecución en su máxima extensión: teléfonos, discos duros, dispositivos electrónicos, todo.
Parece que en la época actual gana la batalla el discurso. Y ya sabemos que la perspectiva del Derecho es reaccionaria, puesto que el principio de legalidad, por su propia razón de ser, no puede prever el futuro ni puede saber qué tolerará la sociedad o que no para entenderlo licito o ilícito por parte del legislador.
En este sentido, el planteamiento desde la defensa de los derechos fundamentales no vale solo de pasión e ilusión. La era en que la promesa de un mundo mejor era el gancho para la devoción hacía el color azul del cielo bajo el que su protección nada era imposible, ha terminado. Necesitamos avanzar y defender.
¿Deben abandonarse los delitos que tengan como objeto de discusión la libertad de expresión? ¿Debe expandirse a todos os ciudadanos la exención del Hemiciclo o por el contrario hasta la Cámara debe asumir responsabilidades? ¿Un jefe de Estado tiene una protección especial o más que un tipo debería ser una agravante específica siempre que el ataque cumpla los mismos requisitos que para cualquier otra persona ¿Quemar una foto de tu vecino es una acción que merece un reproche penal??
No tengo respuestas a estas preguntas, al menos, por el momento. Mis primeros pensamientos me llevan a afirmar que quizás el primer problema es cuando no hablamos de opiniones sino de ataques directos a las personas. ¿Qué hacemos con el derecho a la integridad moral? ¿Lo dejamos solo para los casos más graves? Parece que surgen más preguntas que respuestas en este punto.
Un abogado proponía la completa abolición de estos delitos, pero si abandonamos el delito de injurias -aunque en España supuso ya una despenalización de las injurias leves con la reforma de 2015-, también abandonamos el derecho al honor. Y me pregunto si esto es realmente necesario. Si, efectivamente, debemos hacer uso del principio de intervención mínima y sancionar solo los casos más graves o si, ya en el camino, debe despenalizarse completamente esta cuestión. Pues es habitual, desde mi escueto empirismo, que muchos abogados prefieran la vía civil a la vía penal en este tipo de asunto.
Otro abogado comentaba que no estaba de acuerdo con la despenalización de las noticias falsas u opiniones, porque hoy en día los medios electrónicos permitían un uso de las mismas con unos efectos que no conocíamos, atacando la misma esencial del Estado de Derecho y la Soberanía nacional, en clara referencia a las acusaciones a Rusia y la maquinaria propagandística actual para incidir en elecciones o la propia estabilidad de los países. Cosa que, por lo que parece, también hacen empresas privadas de Estados Unidos. ¿Es legítimo desestabilizar un país como enemistar al público con otro u obtener un beneficio económico para sí mediante el uso de estás ténicas? Aunque, este bilateralismo, es cada vez menor y cualquier país puede destinar medios a este fin.
En cualquier caso, debemos vivir en la realidad, no hay un mundo mejor sino en el que vivimos. Debemos ser escrupulosos a la hora de decidir cuándo unas opiniones atacan indiscriminadamente algo que se debe proteger y a través de qué medios lo hace. Pues si la mentira debe perseguirse penalmente, todos estaríamos presos, aunque unos más que otros. Hasta hay quien dice que mentir es un signo de crecimiento y madurez, de consciencia y conocimiento de una de las herramientas más útiles en esta sociedad: sino la mentira, sí la ocultación.
Ahora es internet, antes fue la imprenta, luego la prensa, la radio, la televisión…y en la antigua Roma, las pintadas en las paredes. Y quizás aquí es donde debamos fijarnos y aprender de cómo se ha ido solucionando esta situación a lo largo de la historia.
En un primer acercamiento podemos decir que las soluciones han sido un camino similar en el que primero se desacredita el medio, después se persigue mediante una fuerte represión para después pasar a monopolizar el medio y, finalmente, pasar por la subversión hasta su liberalización. Aunque con internet, la liberalización ha sido tan fuerte desde el principio que su expansión ha impedido su control, ya sea por inoperancia o ignorancia.
Evidentemente, como en todo, hay límites. Cuando el ciudadano es bombardeado y se busca simplemente abrumar para confundir, entonces las soluciones se van haciendo y cualitativamente proporcionales a ese límite. En cualquier caso, la libertad de expresión debe ser protegida, pero la solución debe buscar el equilibrio y el sentido común, si es que aun somos capaces de algo de eso.
¿Debe haber censura? Pues siempre ha existido, si no es institucional entonces es social. Y, como hemos dicho, hoy en día preocupa más la censura pública o la autocensura que refleja un sistema de kapos y soviets no gubernamentales que actúan como agentes de la moral mediante la exhibición y el señalamiento; vuelta a la picota.
Desde luego, que volviendo a lo de antes, la primera pregunta es si debemos seguir criminalizando estas conductas. Porque cuando se establecen conceptos, siempre hay que definirlos. Como abogados no podemos dudar de una interpretación acordada, porque a ello solo le sigue el caos. Basamos nuestra práctica en esos conceptos, los aceptemos y asumamos -o no-. Por lo tanto, el debate debe elevarse, porque hay preguntas que haría cualquiera en un bar y que deben superarse en este ámbito.
Al final, partimos de una realidad, todo depende de quien ostente el poder.